Al grito de “Wir sind das Volk” (nosotros somos el pueblo), miles de ciudadanos se echaron a la calle en Leipzig el 9 de octubre de 1989, espoleados por las reformas del entonces presidente de la URSS, Gorbachov, y por las ansias de libertad. Atrás quedaba la historia del muro de Berlín, cuyos inicios el día 13 de agosto de 1961 y construcción de una muralla de hormigón de 44 kilómetros que dividía Berlín y 155 que la circundaban, por el régimen prosoviético de la República Democrática Alemana dejó tras de si miles de victimas y asesinatos.
La revolución pacífica se propagó rápidamente, acorralando a un régimen agónico, con una economía en bancarrota. El gobierno de la RDA aprobó un decreto ley que permitía viajar a los alemanes del Este a partir del 10 de noviembre. En la rueda de prensa que Günter Shabowsky. Ministro del Politburó, dio la jornada anterior, los periodistas preguntaron: “¿Desde cuando entrará en vigor?. Tras titubear, contestó: “Ahora mismo, sin demora”. Eran las 18:53 horas del día 9 de noviembre de 1969. Ahora se sabe que la televisión occidental alemana, que veían a hurtadillas los ciudadanos orientales, tuvo una influencia esencial. “Las puertas del muro se han abierto de par en par” declaró el presentador del telediario de las 20:oo horas. A los pocos minutos, docena de miles de germano orientales se agolpaban en las fronteras al grito de “queremos salir”. Fueron horas de máxima tensión. No se disparó ni un solo tiro, pese a que los soldados no habían recibido ordenes. A las 22, 30 horas de abría la frontera de la Bornholmer Strasse de Berlín. Después de la media noche, la puerta de Brandemburgo.
Sin embargo, todo cuesta, nada es gratis, y no debemos pensar que este acontecimiento histórico, la caída del muro de Berlín, fue espontáneo. Tiene sus antecedentes en innumerables hechos de la vida cotidiana alemana, así como de la política internacional. Debemos señalar como instigadores de la desaparición de tan vergonzoso muro, tan cruel división y la apertura de esa enorme puerta hacia la libertad, a las organizaciones de oposición al régimen y sus reivindicaciones constantes de cambios democráticos, convocando paralelamente manifestaciones masivas y pacíficas, tales como las realizadas en Berlín del Este, Leipzig, Dresden y Halle, en las que miles de alemanes alzaron su voz para exigir la dimisión del gobierno y celebración de elecciones libre y reformas de otro calado.
Huir de la República Democrática Alemana, desde en que Alemania quedó dividida en dos, era un grito en silencio que a diario se producía y que se fue incrementando. El 2 de mayo de 1989 los soldados húngaros comenzaron a desmantelar las barreras en la frontera con Austria, lo que constituyó la primera apertura al mundo occidental y los alemanes del este pudieron pasar al mundo occidental a través de Hungría y Austria, incrementándose por ello las tensiones entre ambos países. En solo tres días, a principios de septiembre, más de 15.000 alemanes del Este pasaron a Alemania Federal, mientras que otros se refugiaban en la embajada de Alemania Federal en Checoslovaquia.
En octubre la revolución era inminente. Las marchas por la libertad celebradas en Leipzig, semana tras semana, que pasaron de 200.000 manifestantes en octubre a 480.000 en noviembre, se generalizaron pacíficamente por toda la Alemania Democrática y la actitud de Mijail Gorbachov, pieza clave, que evitó el derramamiento de sangre con la advertencia el 7 de octubre advirtió a los dirigentes de que no contarían con el apoyo soviético si usaban la fuerza para suprimir a los manifestantes, destituyendo once días después de todos sus cargos a Honecker para dar paso a Ego Krenz quien comenzó una etapa de apaciguamiento de los manifestantes y de aperturismo, con la promulgación de una amnistía, la autorización a los ciudadanos a viajar a Checoslovaquia, Hungría o Austria.
El Muro que nunca tuvo razón de ser, dejaba de existir y el mundo lo festejó, pero quienes mas y mejor vivió fueron los alemanes, que tras muchos años de separación y de sufrimiento, volvió a reencontrarse en una sola patria y País. Muchas familias volvieron a reencontrarse y reunificarse, otras muchas no tuvieron esa suerte que celebrar y otros muchos quedaron en la historia como mártires de una causa sin sentido.
Ojala que nunca vuelva a construirse un Muro para este menester, que no lo veamos nosotros ni las futuras generaciones. Los Muros han de construir no destruir, deben acercar no de alejar, tienen que dar vida no quitarla, han de sostener no romper, tienen que hacer un mundo mejor, y eso es posible, porque “Wir sind das Volk” (nosotros somos el pueblo).
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