Recuerdo que las fiestas de Navidad y Año Nuevo, cuando era pequeño y tenia menos edad, eran entrañables, una oportunidad de estar toda la familia junta, por un tiempo determinado, pero unidos para la ocasión. Una ocasión única que se daba desde el día 24 de diciembre hasta el día 7 de enero, con todo lo que estas fechas llevaban consigo. Era una manera más de querernos, de sentirnos más fuertes, de afrontar el futuro con esperanza y con ilusión renovada. Recuerdo a mi padre (qepd) cuando llegaba a casa con algún regalo, comida, dulce, etc., como resplandecía su cara y transmitía una especial felicidad, nos contagiaba su alegría y un año mas compartía el fruto de su esfuerzo y trabajo. No mucho menos ocurría con mi madre y aún podemos apreciar su felicidad y añoranza que estas fechas le traen de la ausencia de sus seres queridos.
En el día de Reyes la ilusión era indescriptible. Esperaba despertar y encontrar el regalo que me había traído los Reyes Magos de Oriente, era sublime, aunque en ocasiones le pedía cosas que no traían, pero esa decepción momentánea daba paso a un volcán de alegría. Eran tiempos de menos recursos económicos pero, por supuesto, de más recursos humanos y afectivos. El amor se multiplicaba a cambio de muy poco. Los mas mayores, y lo he comprobado, mantienen que el ser humano ante la adversidad se crece y eso ocurría realmente.
El día 24 en la noche celebramos y aún, lo intento y conservo la tradición, la Cena de Navidad, que aunque antiguamente se hacia a medianoche y ahora algo mas temprano, consiste en un pequeño banquete, en honor al nacimiento de Cristo, donde se come y bebe, dependiendo del lugar donde se celebre y del peso de la crisis, todo hay que decirlo.
Ahora que soy algo mayor, no viejo, trabajo para regalarles a mis hijos aquellas cosas que nunca tuve, como conmigo hicieron mis padres. Intento dar todo por la felicidad de mis hijos, por saborear su expresión al abrir los regalos, con esa sonrisa indescriptible, para la que no existen palabras porque es única, irrepetible, verdadera e impagable.
Intento conservar otra tradición. El Belén o Nacimiento navideño y la representación del nacimiento de Jesús, con la maqueta de Belén que adorno con piedras y plantas y en sus alrededores, en las que figura como principales el establo donde nació Jesús, la Sagrada Familia, los animales y los pastores, los tres reyes magos y una estrella con una estela que también suelo colocar en el árbol de Navidad, otra tradición que procuro continuar.
Lo intento dar todo, como antes lo hicieron mis padres, por que mis hijos y seres queridos sean mucho más felices, por un abrazo y un beso de ellos. Lucho, como lo hago siempre, por hacer realidad mis sueños, dejando correr la imaginación pensando que me gustaría que tuvieran siempre esa sonrisa, incluso cuando crezcan, cuando maduren, cuando sean tan mayores como yo, por siempre.
Y en esos pensamientos, no seria bonito que todos los humanos nos pongamos de acuerdo y les regalemos a nuestros hijos y a todos los niños del mundo, un mundo sin guerras, sin odios, sin racismo, que todos sin exclusión aceptemos la magia de la vida, el milagro de cada día. Algunos pensarán que es un sueño, por supuesto, pero ¿a que es un bonito sueño? que podría ser realidad si todos los seres humanos nos lo propusiéramos y lo lleváramos a la práctica.
Los sueños pueden hacerse realidad, Si el hombre no hubiera soñado aún viviríamos en cuevas. Soñó con volar, y existen aviones, con recorrer el mundo y conocer otras razas y geografías y existen medios para ello: barcos, helicópteros, medios de comunicación. Internet, etc., soñó con saber y aquí estoy al ordenador intentando crear cosas bonitas y reales para transmitir a otros al igual que lo han hecho y hacen a diario conmigo, pero evolucionando en positivo.
Sin los sueños nuestra vida seria inhumana y ya, en ocasiones y para muchos, lo es bastante. Nosotros somos los que hacemos los sueños y los volvemos realidad. Soñemos con la necesidad que tienen nuestros hijos de vivir en un mundo mejor y con la fuerza de su sonrisa cambiemos este mundo por uno mejor, por uno donde conserven siempre y para toda la vida su sonrisa y donde la humanidad sienta, ame y viva en paz.
Les deseo que conserven las tradiciones y las transmitan a las nuevas generaciones; una Feliz Navidad, motivo de mucha felicidad; y un Venturoso Año Nuevo 2010, de éxito y prosperidad. Un beso y un abrazo muy fuerte.
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